¿Qué le pasa al Ibex 35?

La verdadera rémora del Ibex proviene de la coincidencia en este tiempo de un desempeño muy negativo de los grandes valores del selectivo, en lo que podríamos denominar la crisis de los bluechips.

El selectivo de referencia de la bolsa española comenzó el año de una forma inmejorable. Durante los primeros 15 días de negociación, el Ibex 35 se erigió en el mejor selectivo entre los principales europeos (subiendo más de un 6%), y el segundo mejor índice de todo el Continente (tras el PSI de Lisboa).

La fuerte mejora de la deuda española (cuya rentabilidad se consolidó claramente por debajo de la de la deuda italiana), la mejora de los datos macroeconómicos (con la confirmación de un crecimiento del PIB del 0,3% durante el Q4 y el mejor dato de empleo en diciembre publicado en mucho tiempo), la preferencia por la periferia europea como inversión de moda (que favorecía la fuerte entrada de capitales), y la fase general alcista del mercado iniciada a mediados de diciembre, espoleaban a la bolsa española frente a otras opciones de inversión.

Sin embargo, el escenario abierto a partir del 15 de enero, ha resultado ser diametralmente opuesto para el Ibex.

El estallido de la crisis de las divisas emergentes (especialmente, las latinoamericanas), tuvo un efecto negativo mucho mayor en el Ibex que en otros selectivos, como cabría esperar. Pero cuando la atención del mercado se disipó de aquella crisis, y la tendencia alcista de fondo se retomó con claridad tras comenzar el mes de febrero, el Ibex 35 ha quedado rezagado de forma clara.

Los 10.000 puntos de cotización están actuando como una especia de imán, que no permite que el selectivo se aleje demasiado. Estos niveles actuales resultan ser un 5% inferiores a los cosechados el 15 de enero, mientras que la cotización actual de Wall Street coincide con los niveles alcanzados entonces.

En Europa, el DAX alemán se sitúa un 1% por debajo de esas cotas. Pero los otros dos índices periféricos (el MIB de Milán y el PSI de Lisboa), cotizan en estos momentos más de un 2% por encima de los máximos previos registrados a mediados de enero.

La comparativa con la bolsa italiana resulta especialmente dramática. Si ambos selectivos cotizasen en la misma escala, desde mediados de enero, el MIB lo habría hecho cerca de 1.200 puntos mejor que el Ibex, movimiento que no se ha replicado en el mercado de deuda (la rentabilidad de la deuda española sigue estando por debajo de la italiana).

El principal motivo de este desempeño tan dispar es de tipo corporativo. La verdadera rémora del Ibex proviene de la coincidencia en este tiempo de un desempeño muy negativo de los grandes valores del selectivo, en lo que podríamos denominar como la crisis de los bluechips.

Desde el 15 de enero, tenemos que Inditex cae un 11%, Telefónica y BBVA, un 10%, Repsol, un 8%, y Santander, un 5%. Si estos valores, en lugar de ostentar un gran peso en la capitalización de todo el índice, se situasen en la parte baja de la tabla de ponderaciones, permitiría que el selectivo español cotizase varios centenares de puntos por encima de los 10.000 actuales. Y si algo tienen en común estos valores es, en gran medida, su fuerte exposición a las economías emergentes, cuya crisis ha afectado a las grandes empresas españolas más de lo que cabría esperar en un principio.

El rango actual de cotización (entre los 9.980 y los 10.130) se ubica en el vértice de una figura triangular que se viene formando desde mediados de enero, lo que aumenta las posibilidades de que se proyecte un fuerte movimiento en un futuro próximo.

Para superar los 10.500 puntos a corto-medio plazo, se requiere que los bluechips dejen de lastrar al selectivo de forma tan clara. En este caso, aparecerían síntomas de que el spread entre el Ibex y el MIB se invertiría a favor del Ibex, señal para tomar posiciones a favor de una rápida reducción de dicho spread.


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