La plata se ha pegado un batacazo histórico: caída del 26% el viernes y otro 10% el lunes, borrando casi todas las ganancias del año pese a venir de máximos históricos. El detonante visible es político–monetario: Trump quiere nominar a Kevin Warsh, perfil duro, para la Fed. Eso enfría el discurso de “tipos bajos eternos” y obliga a recoger beneficios en todo lo que venía muy caliente.
En el fondo, es la típica purga tras un rally alimentado por narrativa perfecta: déficit estructural de plata, miedo a deuda pública, refugio físico frente a divisas y bonos y entrada masiva de especuladores (especialmente chinos).
Para el inversor, dos ideas claras: uno, la tendencia de largo plazo ligada a oferta/demanda no desaparece por dos sesiones; dos, este tipo de caídas muestran por qué el tamaño de posición y el apalancamiento lo son todo en materias primas volátiles.
El oro ha corregido más de un 8% y ha perdido los 4.500 dólares tras su peor sesión en más de una década. El relato es muy similar al de la plata: rally a máximos históricos alimentado por compras de bancos centrales, miedo a la deuda y búsqueda de refugio físico… que termina en toma de beneficios masiva cuando el mercado descuenta una Fed más agresiva con la posible llegada de Kevin Warsh.
Para el inversor, no es tanto un cambio estructural como una limpieza de excesos: cuando todo el mundo está en el mismo lado (bancos centrales, retail, fondos, momentum, China especulativa), cualquier excusa se convierte en avalancha. Claves a vigilar: si los bancos centrales siguen acumulando oro en las próximas semanas, si el dólar se fortalece de verdad y si la caída se frena en soportes técnicos de medio plazo antes de hablar de cambio de ciclo.
Los futuros de gas natural en EE. UU. han caído casi un 15% hasta la zona de 3,70 dólares/MMBtu, borrando buena parte del subidón previo. El motivo inmediato es simple: los nuevos modelos meteorológicos apuntan a temperaturas más suaves de lo previsto en gran parte del país, lo que recorta la demanda de calefacción justo después de un rally impulsado por el frío y por un contrato de febrero muy tensionado.
En paralelo, el mercado sigue digiriendo unas reservas holgadas y el aumento de flujos hacia plantas de GNL, con Freeport LNG reactivándose.
Resultado: un mercado ultra volátil, donde cualquier matiz en las previsiones de temperatura dispara o hunde los precios. Para el inversor, esto no va de “predecir el tiempo”, sino de entender que el gas es un activo puramente táctico: o gestionas el riesgo con stops claros y tamaño pequeño, o el producto no es para ti.
El Brent ha caído más de un 5% por debajo de 66 dólares tras marcar máximos de varios meses. El cambio de tono llega por dos frentes: por un lado, Trump habla de que Irán está “negociando seriamente”, y Teherán rebaja el ruido militar en el Estrecho de Ormuz; por otro, la OPEP+ mantiene su plan de producción sin recortes adicionales. Menos riesgo geopolítico inmediato + oferta estable = prima de riesgo que se desinfla.
Para el inversor, esto recalibra el escenario: el rally de enero tenía mucho componente de miedo a interrupciones de suministro. Si ese miedo baja, el soporte pasa a ser la demanda real y los inventarios. Claves ahora: datos de consumo global, actividad industrial y cualquier giro en la disciplina de la OPEP+. En energía, los repuntes por tensión suelen ser para vender caro riesgo geopolítico, no para enamorarse del precio.
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