Bitcoin ha corregido hasta la zona de 89.000–90.000 dólares con una sacudida muy típica de ciclo: caída rápida, barrida por debajo de 89.000, toque a 88.000 y más de 1.000 millones de dólares en largos liquidados en derivados. No hace falta una “mala noticia” para explicar esto; lo que había era demasiado apalancamiento alcista acumulado tras el rally a 95.000–97.000. Encima, el movimiento llega en un contexto de más ruido regulatorio en EE. UU. y más tensión política y comercial, lo que empuja a muchos gestores a reducir riesgo en bloque. BTC está actuando como activo de riesgo macro, no como refugio puro. En paralelo, las señales institucionales son mixtas: sigue entrando dinero serio en Bitcoin, pero algunas casas tradicionales empiezan a enfriar el discurso. Resultado: purga técnica en un entorno macro tenso, no cambio de narrativa de fondo… todavía.
En las últimas 24 horas, los datos on-chain dibujan un mensaje claro: las ballenas siguen acumulando en frío. Se habla de unos 36.000 BTC añadidos a sus posiciones, más de 3.000 millones de dólares, con balances de grandes carteras rebotando alrededor de un 20 % desde la última venta fuerte y direcciones de más de 100 BTC en zona de máximos de varios años. Sin embargo, eso convive con un aumento del Exchange Whale Ratio hacia 0,52–0,55, lo que indica que una parte importante de las monedas que entran en exchanges viene precisamente de ballenas. Es decir, acumulan a largo, pero siguen aprovechando los rebotes para tomar beneficios o cubrirse a corto plazo. Incluso se mueven wallets históricas que llevaban más de una década dormidas. Todo esto añade volatilidad, pero no encaja con una retirada masiva de manos fuertes.
Si miras solo el gráfico, parece una caída violenta más. Si miras los flujos spot, la historia cambia. Durante la corrección hacia los 91.000 dólares, los datos muestran salidas netas de BTC desde exchanges hacia wallets privadas por unos 170 millones de dólares. En las últimas 24 horas, el saldo agregado sigue siendo negativo: sale más Bitcoin de plataformas de trading del que entra. Eso es lo contrario de un episodio de pánico vendedor spot. Menos BTC en exchanges significa menos munición disponible para ventas inmediatas y suele asociarse a inversores que aprovechan las caídas para llevarse monedas a custodia propia. Combinado con la oleada de liquidaciones en derivados, la lectura operativa es clara: el precio ha caído más por limpieza de apalancamiento y rotación en futuros que por una huida masiva en el mercado al contado.
En la última sesión con datos, los ETFs spot de Bitcoin en EE. UU. registran salidas netas cercanas a 480 millones de dólares. Es un día de reembolsos claro, con flujos negativos en los grandes productos como IBIT, FBTC o BTCW, totalmente alineado con el “de-risking” que se ha visto en precio. Pero si te alejas del zoom de 24 horas, la foto cambia: la última semana completa seguía mostrando entradas netas de más de 1.400 millones y, desde su lanzamiento, estos vehículos acumulan del orden de decenas de miles de millones en entradas netas y un patrimonio total que convierte a Wall Street en uno de los grandes tenedores de BTC. Traducción para el inversor: a corto plazo, los ETFs actúan como un flujo táctico muy sensible al precio; a medio plazo siguen siendo uno de los pilares de demanda institucional de Bitcoin.
En el bloque fondos hay que separar bien perfiles. Por un lado están los vehículos puramente cripto y las treasuries corporativas “convencidas”, que siguen ampliando exposición: los datos de custodia apuntan a decenas de miles de millones en BTC añadidos por grandes wallets en un año y casos como MicroStrategy, que continúa comprando fuerte incluso en correcciones, refuerzan esa tesis. Por otro lado, están los fondos macro y las casas tradicionales, donde el mensaje es más matizado: algunos, como SkyBridge, mantienen visión positiva pero reducen peso relativo en carteras; otros, como Jefferies, directamente eliminan BTC de sus modelos por riesgos a muy largo plazo (computación cuántica) y rotan parte de esa exposición hacia oro. El resultado es un mercado donde el núcleo duro institucional sigue largo y comprador, mientras el capital más conservador aprovecha precios altos para reequilibrar sin provocar una salida en estampida.
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