El saldo comercial chino de enero y febrero combinados alcanzó los 213.600 millones de dólares, batiendo con comodidad las estimaciones del consenso. El motor fue la exportación, con tecnología y electrónica tirando del carro en un modelo económico que sigue dependiendo más de la demanda externa que de la interna.
La reacción inmediata en bolsa suele ser favorable: las empresas europeas expuestas a China —cíclicas, lujo, industriales— se benefician si el mercado lo lee como señal de que el ciclo global resiste. Pero hay una segunda lectura que complica el cuadro: un superávit tan abultado en plena guerra arancelaria con Washington puede activar de nuevo la presión política y comercial contra Pekín.
Mi lectura: apoyo táctico para los sectores con exposición a China, pero con un techo político que puede aparecer en cualquier momento si el dato se convierte en munición para nuevas medidas comerciales.
El dato de balanza comercial alemana llegó en 21.200 millones de euros frente a los 15.400 millones que esperaba el mercado, y también por encima del registro anterior de 17.400 millones. El mensaje es claro: el sector exportador alemán aguanta mejor de lo que el discurso pesimista sobre la industria europea daba a entender.
Para el DAX, especialmente para automoción, maquinaria y bienes de capital, este dato actúa como respaldo. También da cierto soporte al euro al reforzar la imagen de una balanza exterior sólida en la mayor economía de la zona euro.
Eso sí, un dato puntual no reescribe el diagnóstico estructural. Los costes energéticos siguen siendo altos y la demanda global no es homogénea. En el corto plazo, sin embargo, el dato suma tono positivo para las cíclicas del continente.
El mercado americano publica las ventas de viviendas de segunda mano de febrero. El consenso espera 3,90 millones en tasa anualizada, prácticamente sin variación respecto a los 3,91 millones de enero, que ya supusieron una caída mensual cercana al 8,5%.
Este indicador mueve mercado por dos vías. La primera es el crecimiento: la vivienda arrastra consumo, crédito, reformas y confianza del consumidor. La segunda son los tipos: un dato fuerte puede hacer que el mercado recalibre al alza las expectativas sobre la Fed, lo que presiona las rentabilidades y complica la vida a tecnológicas y valores de crecimiento. Un dato débil hace exactamente lo contrario.
No es el gran evento de la semana, pero tiene capacidad para cambiar el sesgo intradía en bonos y Nasdaq en cuestión de minutos.
La subida del S&P 500 tiene una explicación concreta: el crudo retrocedió con fuerza desde máximos recientes y reaparecieron señales de que la tensión entre EE.UU., Israel e Irán podría tener salida diplomática. Ayer el índice ya logró girarse al alza en el tramo final de la sesión tras varios días de presión.
Lo que hay aquí es alivio, no señal de tendencia. Para que el rebote tenga recorrido real, el mercado necesita ver inflación bajo control y riesgo geopolítico en retirada. Si el petróleo vuelve a subir o las rentabilidades repuntan, el S&P puede reanudar la corrección igual de rápido.
El mercado japonés es uno de los que mejor responde cuando baja el miedo global. Al relajarse el escenario de shock energético prolongado, volvieron las compras sobre un índice con fuerte peso exportador y muy ligado al ciclo. El Nikkei fue uno de los principales beneficiados del giro de sentimiento en Asia.
Este movimiento puede tener más continuidad que en Europa. Japón reacciona rápido en los episodios de vuelta al riesgo. El riesgo, como siempre, es que si el conflicto se recalienta o el crudo vira, la corrección puede ser igual de veloz. La clave no está en Tokio: está en el petróleo, el dólar y el apetito global por activos con riesgo.
Europa sube porque baja el crudo y con él se enfría el miedo a una nueva ola inflacionista. Eso aquí importa especialmente: la bolsa del continente es más sensible al coste de la energía que cualquier otra región desarrollada. Los índices europeos venían de mínimos de varios meses, golpeados por el alza del petróleo, el repunte de rentabilidades y la incertidumbre sobre el margen de maniobra del BCE.
El rebote tiene fundamento, pero Europa sigue siendo la región más expuesta si el shock energético se reactiva. Sin estabilidad real en los precios de la energía, cualquier subida corre el riesgo de quedarse en un simple respiro.
Inditex presenta sus cuentas anuales el 11 de marzo. Los nueve primeros meses ya mostraban solidez: margen bruto del 59,7% y crecimiento operativo firme, aunque la propia compañía anticipó una evolución más moderada y un posible movimiento del margen de más o menos 50 puntos básicos. Ahí está la pregunta real que se hará el mercado: ¿la rentabilidad resiste o empieza a dar señales de agotamiento?
Un buen dato de ventas ya está en precio. Lo que decidirá la reacción de la acción es si el margen se mantiene intacto. En Inditex crecer no es suficiente: hay que crecer sin deteriorar la rentabilidad.
Las petroleras han funcionado como escudo ante la tensión en Oriente Medio, pero el escenario del martes es menos limpio: Brent y WTI corrigieron con fuerza al descontarse una posible desescalada. Eso reduce el argumento del viento de cola automático para el sector y recuerda que el factor geopolítico infla y desinfla cotizaciones en cuestión de horas.
Repsol puede seguir actuando como refugio relativo dentro del Ibex mientras persista el ruido, pero el efecto positivo en cotización solo será duradero si el petróleo se estabiliza en niveles altos. Un pico de miedo de pocos días no construye tesis de inversión.
Telefónica cierra la entrada de AXA IM en FiberPass, el vehículo de fibra compartida que la teleco mantiene con Vodafone España. La estructura final reparte el capital entre Telefónica con el 55%, AXA con el 40% y Vodafone España con el 5%, y la valoración implícita del vehículo ronda los 1.500 millones de euros.
El mercado suele leer bien este tipo de operaciones: conviertes infraestructura en liquidez sin ceder el mando. No espero un cambio inmediato en la valoración, pero sí una lectura constructiva que reduce presión financiera y da más capacidad para ordenar el balance.
Shell ha vendido Jiffy Lube y el franquiciado Premium Velocity Auto al fondo Monomoy Capital por 1.300 millones de dólares, dentro de la estrategia de desinversión en negocios no estratégicos que impulsa su CEO Wael Sawan. La operación incluye un acuerdo de suministro de lubricantes a largo plazo, así que Shell mantiene vinculación comercial aunque sale del capital.
Es el mensaje que el mercado quiere escuchar de una gran petrolera: menos dispersión y más retorno por capital invertido. El efecto en la cotización será moderado a medio plazo, porque lo que realmente moverá la acción sigue siendo el precio del crudo. Si el petróleo baja, esta venta aporta orden; si sube, el mercado mirará a Shell por su exposición energética, no por esta desinversión.
Novo Nordisk ha llegado a un acuerdo con la plataforma Hims & Hers para distribuir Wegovy y Ozempic en EE.UU. y, simultáneamente, retira la demanda ligada a versiones compuestas no autorizadas de esos medicamentos. Hims dejará de promover esos compuestos salvo en situaciones específicas.
La lectura es constructiva. Novo no solo reduce ruido legal: recupera el control sobre precio y narrativa comercial en su mercado clave. No desaparece la competencia ni la presión sobre márgenes, pero se elimina un riesgo que pesaba sobre la acción. Si en los próximos trimestres esto se traduce en más volumen y menos fricción en el canal, la confianza del mercado puede recuperarse.
Giredestrant, el candidato oral de Roche contra el cáncer de mama, no alcanzó su objetivo principal en un ensayo de fase avanzada combinado con Ibrance de Pfizer. La acción llegó a caer más de un 7%, una reacción que no sorprende cuando se calibra el peso que este activo tenía dentro de las expectativas de crecimiento del grupo.
En farmacéuticas, cuando falla una pieza clave del pipeline no solo cae un proyecto: cae parte de la prima que el mercado paga anticipando crecimiento futuro. Roche mantiene otras vías para el fármaco y ya había mostrado datos positivos en otros contextos, pero a corto plazo el impacto puede seguir siendo negativo hasta que la compañía convenza al mercado de que su hoja de ruta en oncología no ha quedado dañada.
Oracle publica resultados del tercer trimestre fiscal 2026 tras el cierre de Wall Street. El consenso maneja cifras de alrededor de 16.900 millones de dólares en ingresos y 1,70 dólares por acción ajustada. El mercado llega con una doble exigencia: quiere ver avance en nube e IA, pero también quiere evidencia de que el gasto en infraestructura no se está comiendo los márgenes.
Si Oracle bate en ingresos y convence con la cartera de pedidos y la disciplina financiera, la acción tiene margen para rebotar porque parte del castigo reciente ya descuenta mucho escepticismo. Pero si la sensación es que la compañía crece sacrificando balance, el mercado seguirá penalizando. Ya no basta con prometer demanda: hay que demostrar que esa demanda es rentable.
Hewlett Packard Enterprise publicó ingresos de 9.301 millones de dólares en su primer trimestre fiscal 2026, un 18% más que el año anterior, y elevó su previsión de beneficio ajustado para todo el ejercicio a un rango de 2,30 a 2,50 dólares por acción. Para el próximo trimestre guió ingresos entre 9.600 y 10.000 millones, por encima del consenso, con networking de alto margen como palanca principal.
Esta es la actualización que suele gustar porque mejora la calidad del negocio, no solo el volumen. Si HPE consigue que el mercado compre la narrativa de un mix más rentable entre IA, redes y ejecución operativa, la acción tiene recorrido para reconstruir múltiplo. El riesgo es que parte del tirón venga de haber priorizado los pedidos más rentables hoy a costa de aplazar otros ingresos. Aun así, de los tres grandes movimientos del día en EE.UU., este es el que tiene más solidez fundamental.
Lo relevante en Vertiv no es un resultado trimestral sino un cambio estructural en cómo la gestiona el mercado. S&P Dow Jones Indices confirmó su incorporación al S&P 500 antes de la apertura del 23 de marzo, dentro del rebalanceo trimestral habitual. Eso activa compras automáticas de fondos indexados y ETFs que replican el índice, y el precio suele adelantar ese flujo.
El efecto es claramente positivo a corto plazo: más visibilidad, más flujo técnico y validación institucional. El punto de inflexión real llegará después: una vez en el índice, la acción vuelve a depender de fundamentales. La entrada abre la puerta, pero no sustituye al crecimiento real.
Bitcoin ha rebotado desde mínimos recientes hasta situarse de nuevo cerca de los 70.000 dólares, con los ETFs de Bitcoin volviendo a registrar entradas de capital y un contexto de mercado algo más favorable para activos con riesgo. A eso se suman compras institucionales relevantes y un debate político en Washington sobre el papel que Bitcoin podría jugar dentro del sistema financiero americano.
El rebote puntual importa menos que la pregunta de fondo: ¿está Bitcoin consolidándose como activo institucional permanente? Cuando confluyen flujo de ETF, compras institucionales y reconocimiento político, la narrativa cambia de forma duradera. Si el flujo institucional mantiene el ritmo, Bitcoin puede volver a poner a prueba resistencias más altas en los próximos meses.
Ethereum protagoniza hoy una actualización técnica programada que ha llevado a varias plataformas a suspender temporalmente depósitos y retiradas durante el proceso de implementación. Este tipo de mejoras son parte de la hoja de ruta para aumentar la eficiencia y la capacidad de la red.
Al mismo tiempo, el precio ha recuperado los 2.000 dólares, un nivel que actúa como referencia para traders e inversores institucionales. Cuando una red combina evolución técnica y estabilidad en precio, el mercado suele interpretarlo como señal de madurez. No garantiza subida automática, pero reduce dudas estructurales. Si el upgrade se ejecuta sin incidencias y la actividad en la red sigue creciendo, Ethereum refuerza su posición como infraestructura central del ecosistema cripto, lo que a medio plazo suele traducirse en mayor interés institucional.
Solana vuelve a ganar protagonismo en un momento en el que las altcoins acompañan el rebote general del sector. Pero detrás del movimiento técnico hay algo más relevante: Morgan Stanley ha solicitado autorización para lanzar ETFs vinculados a criptomonedas, incluyendo Solana, una señal de que los grandes bancos empiezan a tratar estos activos como productos financieros negociables dentro del sistema tradicional.
El ETF en sí puede tardar meses o años. Lo que importa ahora es el cambio de percepción: cuando un banco global estructura productos alrededor de un activo, ese activo entra en el radar institucional. Solana seguirá siendo más volátil que Bitcoin o Ethereum, pero también la apuesta con mayor potencial si el ciclo alcista del sector se confirma.
Petróleo WTI: el mercado deshace la prima de guerra
El crudo hizo lo que suele hacer en una crisis geopolítica: exageró primero y recalculó después. Tras el salto del lunes, el WTI corrigió con fuerza al conocerse que Trump apuntaba a una resolución más rápida del conflicto y que el G7 dejaba abierta la opción de utilizar reservas estratégicas si fuera necesario. El movimiento llevó al precio desde niveles por encima de 100 dólares hacia la zona de 90, en una sesión de alta volatilidad.
Mientras no haya un bloqueo prolongado en el Estrecho de Ormuz, el mercado tenderá a descontar parte de la prima de riesgo. Eso limita el recorrido alcista del crudo, aunque no elimina la volatilidad. Para petroleras y refinerías, el escenario que se dibuja es de trading nervioso, no de un nuevo ciclo sostenido al alza.
El gas europeo ha escalado hasta los 56 €/MWh, su nivel más alto en aproximadamente tres años, golpeado por las interrupciones en el suministro desde Qatar y por el tráfico energético en torno a Ormuz. El mercado teme que la normalización de Ras Laffan pueda tardar semanas o meses, lo que borraría buena parte del exceso de oferta global que se esperaba para 2026.
Europa llega a esta situación con las reservas en niveles bajos. Eso es lo que hace al TTF especialmente peligroso para los mercados del continente. Si los precios no afloran pronto, industriales intensivos en energía, empresas químicas y fabricantes europeos sufrirán más que el conjunto del mercado. Es la noticia con mayor capacidad de daño real si se alarga.
La plata ha rebotado hacia los 89 dólares por onza apoyándose en la debilidad del dólar, que perdió parte de su demanda de refugio al moderarse el miedo geopolítico. El mecanismo es directo: menos tensión en energía implica menor expectativa de repunte inflacionista sostenido y, por tanto, menos razón para acumular dólares defensivamente.
La plata seguirá muy ligada al dólar y a los datos de inflación en EE.UU. El sesgo a medio plazo puede ser alcista, pero con episodios de alta volatilidad. Para las mineras de plata, el movimiento es positivo, aunque todavía demasiado inestable como para hablar de una tendencia limpia.
La subida del dólar australiano responde a un esquema clásico: cae el petróleo, se reduce la demanda de refugio en dólar y vuelve algo de apetito por activos con riesgo. El aussie es una de las divisas más sensibles al ciclo global y hoy lo demuestra, situándose alrededor de 0,706.
El movimiento tiene lógica táctica pero no lo trataría como tendencia estructural todavía. Si el crudo vira o el mercado empieza a descontar una desaceleración global, el dólar australiano puede devolver parte del avance con rapidez. Lo que cotiza hoy no es fortaleza propia de Australia: es alivio geopolítico.
El avance del euro frente al dólar responde más a un billete verde que pierde su prima de refugio que a ninguna sorpresa positiva en la eurozona. El índice dólar se movió plano después de corregir las ganancias de la semana anterior, y el rebote del apetito por riesgo dio aire al euro, que llega a este tramo con una tendencia de fondo más firme en 2026.
Para que la subida tenga continuidad, el euro necesita más que un respiro geopolítico. Necesita que no vuelvan el miedo a energía cara y el discurso de crecimiento débil en Europa. La subida de hoy es real, pero su duración depende de lo que pase en las próximas semanas con el gas y los datos macro del continente.
La libra recupera parte del terreno perdido el lunes, cuando sufrió por el salto del petróleo y la huida hacia el dólar. Hoy, con el crudo corrigiendo y el mercado más estable, el GBP/USD rebota. Pero la libra arrastra dudas propias: la política fiscal y monetaria británica ha añadido incertidumbre y varios estrategas ven limitada su capacidad de rebotar con fuerza mientras no haya más claridad sobre el rumbo del Gobierno y del Banco de Inglaterra.
El rebote de hoy puede sostenerse unos días, pero la libra sigue más expuesta que el euro si vuelve el estrés macro. Mejora por alivio externo, no porque el mercado haya ganado convicción en el activo.
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