¿Qué nos cuentan las elecciones anteriores sobre la reacción de los índices bursátiles?

Tres lecciones que podemos aprender de las anteriores elecciones presidenciales en Estados Unidos

Una mayor volatilidad implica un mayor riesgo. IG reflejará esto con márgenes aumentados.

Las elecciones presidenciales número 58 en Estados Unidos, que han propiciado una campaña nunca vista hasta la fecha, han conseguido tumbar las expectativas a cada paso.

Aunque aún se esperan más giros, los últimos 95 años en el trading de índices pueden arrojar algo de luz sobre la posible influencia de los resultados electores en el mercado bursátil estadounidense.

Si observamos el periodo en el que se obtuvo un crecimiento constante del índice Dow Jones, al mismo tiempo que se creaban el S&P 500 y el Nasdaq (en 1923 y 1971, respectivamente), podemos identificar algunos patrones y principios que pueden ayudarnos a entender qué está por venir.

Las elecciones a menudo conducen a rallies de recuperación de corto plazo

Una de las posibles reacciones del mercado tras las elecciones podría ser una ola de optimismo, sin importar quién resulte presidente.

Si tomamos como ejemplo la última vez que un presidente fue investido, podemos determinar que, con bastante seguridad, este dato importa poco. Cuando Barack Obama fue elegido como el presidente número 43 en 2008, el S&P 500 subió solo un 2,56 % durante los seis primeros meses de su mandato, mientras que el Dow Jones fue a la baja.

Sin embargo, debemos tener en cuenta el escenario económico global de fondo en aquel momento. Históricamente, tanto el Dow Jones como el S&P 500 han subido después de que se conozcan los resultados de las elecciones. De hecho, desde que Herbert Hoover fuera investido en 1929, el Dow Jones ha subido una media de 6,4 % en los primeros seis meses de mandato de todos los presidentes, sin importar el partido al que pertenecieran.

Dos de cada tres veces que un presidente ha tomado el poder, el Dow Jones ha subido el 7,4 % en los seis meses siguientes y el S&P 500 ha conseguido ganancias similares en el mismo periodo de tiempo. De nuevo, esta respuesta positiva del mercado en el corto plazo es casi igual en torno a presidentes republicanos y demócratas, ya que la certeza de haber tomado una dirección política concreta, sea cual sea, suele tranquilizar a las bolsas. 

No solo la presidencia es importante

Trump y Clinton son las cabezas de cartel para las próximas elecciones, pero no solo la presidencia está en juego: también se compite por un total de 469 asientos en el Congreso de EE. UU el próximo 8 de noviembre.

Convencionalmente, un congreso dividido hace que sea más difícil para el partido en el gobierno convertir sus propuestas en leyes, y normalmente se espera que los republicanos sigan manteniendo el control sobre la Cámara de Representantes y que los demócratas hagan lo propio en el Senado.

Probablemente Hillary Clinton tema el efecto que esto pueda tener en sus políticas si saliese elegida, pero la realidad es que esta división no sería tan negativa para los mercados financieros como parece. Desde 1929, el S%P 500 ha subido una media de 30,6 % durante mandatos demócratas en los cuales los republicanos tenían el control sobre al menos una de las cámaras.

No obstante, los recientes escándalos alrededor de Trump y sus desfavorables respuestas ante ellos, han hecho que los demócratas tengan la esperanza de llegar a controlar las dos cámaras. Esto puede procurar un ambiente político más equilibrado, pero históricamente menos prometedor para las bolsas. Los demócratas han controlado la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso por un total de 34 años desde 1929 y esto ha coincidido con ganancias anuales menores para el S&P 500 (una media de 21,4 %).

Menos favorable aún es el recuento para los republicanos. Incluso cuando el Partido Republicano ha obtenido la presidencia y los demócratas han ocupado al menos una de las cámaras, el S&P 500 tan solo ha obtenido una ganancia media del 4,1 %. Sin embargo, nos encontramos ante una contradicción importante: la victoria aplastante de los republicanos, esta vez improbable dados los resultados de las últimas encuestas, ha producido ganancias medias del 16 % en el S&P 500 desde 1929.

Con todo, no sería acertado establecer una regla universal sobre el futuro de los índices basándonos en estadísticas. Los números por sí solos no pueden dibujar el cuadro completo, tal y como nos demuestra el éxito en el mercado bursátil atribuido a menudo a las políticas de Bill Clinton.

La suerte es de los demócratas

En teoría, todo apunta a que habrá una repercusión general más positiva en las bolsas si Clinton llega al Despacho Oval.

La candidata ha estado subrayando continuamente los supuestos beneficios de una presidencia demócrata para los mercados financieros. El Dow Jones ha subido una media del 86 %, frente al 58 % de los republicanos, desde 1929 y ha alcanzado máximos durante el mandato de Barack Obama. Del mismo modo, el S&P 500 ha subido una media del 62 % en comparación con el 10 % bajo mandato republicano, mientras que el Nasdaq muestra una disparidad aún mayor: 206 % frente a 53 %.

Sin embargo, es difícil teorizar sobre la suerte.

Solo hay que atender a la presidencia de Bill Clinton, que a menudo se pone como ejemplo por haber obtenido la mayor subida en posguerra de los tres índices, con un 227 % de retorno. Dio la casualidad de que fue presidente durante el mayor boom tecnológico, en la antesala de eBay y Amazon, y antes de entregar a su sucesor republicando, George W. Bush, los escombros del desastre.

Las presidencias demócratas han recogido generalmente más productividad, menos crisis de petróleo, más gasto en defensa y un crecimiento internacional más rápido que sus rivales. Algunos de estos logros, por mucho que lo puedan discutir, no han dependido de sus políticas fiscales. La mayoría ni siquiera tienen relación. De hecho, los expertos creen que la suerte podría haber influido en al menos dos tercios de los éxitos en los mercados bursátiles que separan a demócratas de republicanos.

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