MATERIAS PRIMAS
La prima geopolítica desaparece, pero las reservas aún envían otra señal
El mercado del petróleo ha iniciado la semana con descensos después de que la OPEP+ confirmara un nuevo incremento de producción de 188.000 barriles diarios a partir de agosto. Se trata del quinto aumento mensual consecutivo acordado por el grupo y ha sido suficiente para que el Brent vuelva a situarse cerca de los 72 dólares por barril y el WTI alrededor de los 68 dólares.
Sin embargo, la explicación va mucho más allá de un simple aumento de oferta. La caída del crudo no responde, al menos por ahora, a un mercado inundado de petróleo. Lo que realmente está desapareciendo es la prima de riesgo que los inversores incorporaron durante los meses de mayor tensión en Oriente Medio.
Durante el conflicto, el temor a interrupciones en el estrecho de Ormuz llegó a disparar los precios por el riesgo de que una parte importante del suministro mundial quedara bloqueada. A medida que las exportaciones han comenzado a normalizarse y la posibilidad de un corte prolongado del tráfico marítimo ha perdido fuerza, esa prima geopolítica también ha empezado a evaporarse.
La decisión de la OPEP+ refuerza esa percepción. El cartel continúa recuperando gradualmente parte de los recortes voluntarios aplicados en los últimos años y transmite al mercado el mensaje de que considera suficiente la estabilidad actual para incrementar la producción sin provocar un fuerte desequilibrio.
Pero existe un elemento que invita a la prudencia. Aunque el mercado financiero ya descuenta una menor tensión geopolítica, el mercado físico todavía no confirma que exista un verdadero exceso de petróleo disponible.
Las existencias comerciales de crudo en Estados Unidos continúan situándose aproximadamente un 7% por debajo de su promedio histórico para esta época del año, lo que indica que los inventarios siguen relativamente ajustados. Esa circunstancia suele interpretarse como una señal de que el consumo continúa absorbiendo buena parte del suministro y de que la oferta todavía no resulta abundante.
En otras palabras, los precios están reaccionando más al cambio de expectativas que a una acumulación masiva de barriles en los depósitos. El sentimiento ha cambiado con mucha mayor rapidez que los fundamentales del mercado.
Precisamente ahí puede encontrarse la siguiente gran incógnita para los próximos meses. Si la OPEP+ mantiene el ritmo de incremento de producción, las exportaciones desde Oriente Medio continúan recuperándose y la demanda mundial muestra una desaceleración, entonces sí podrían comenzar a aumentar los inventarios y consolidarse un escenario de mayor abundancia de crudo.
En cambio, si el consumo resiste mejor de lo esperado o reaparece cualquier foco de tensión geopolítica capaz de afectar al suministro, el equilibrio volvería a estrecharse y limitaría nuevas caídas del petróleo.
Para los consumidores, este movimiento empieza a tener una consecuencia directa. Un Brent estabilizado en niveles cercanos a los 70 dólares reduce presión sobre los costes energéticos y aumenta la probabilidad de que los precios de los combustibles continúen moderándose durante las próximas semanas, siempre que no aparezcan nuevos riesgos internacionales ni cambios bruscos en la demanda.
La conclusión es que el mercado ha superado la fase más sencilla: descontar el fin de la prima de guerra. A partir de ahora comienza una etapa mucho más compleja, en la que serán los datos reales de oferta, demanda e inventarios los que determinen si el petróleo puede seguir bajando o si los precios encuentran un nuevo punto de equilibrio.
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