Estrecho de Ormuz
El ataque a Mahshahr aumenta la tensión entre Israel, Irán y EE.UU.
La tensión en Oriente Medio vuelve a escalar. Israel confirmó este lunes nuevos bombardeos sobre territorio iraní, incluyendo un ataque contra el complejo petroquímico de Mahshahr, una de las infraestructuras energéticas más relevantes del país. Se trata del primer golpe contra una instalación energética iraní desde el alto el fuego alcanzado en abril, un movimiento que incrementa el riesgo de una nueva fase del conflicto.
Las autoridades iraníes reconocieron daños en partes de la planta, mientras que las Fuerzas de Defensa de Israel aseguraron que la operación formaba parte de una campaña más amplia contra objetivos militares e infraestructuras vinculadas a la capacidad ofensiva de Teherán.
El ataque llega apenas unas horas después de que Irán lanzara una nueva oleada de misiles contra Israel. Según fuentes israelíes, la mayoría fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea, aunque el intercambio de ataques ha vuelto a colocar a la región al borde de una escalada mucho más amplia.
La situación resulta especialmente incómoda para la Casa Blanca. Donald Trump intenta mantener abiertas las negociaciones con Teherán para alcanzar un acuerdo que permita reducir la tensión regional y garantizar la reapertura del estrecho de Ormuz. Sin embargo, las acciones militares de las últimas horas amenazan con complicar ese objetivo.
De acuerdo con información publicada por medios estadounidenses, Trump trasladó directamente al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, su deseo de evitar nuevas operaciones militares que puedan poner en peligro las conversaciones en marcha. Aun así, Israel continuó con los ataques tanto en Irán como en posiciones vinculadas a Hezbolá en Líbano.
Mientras tanto, Teherán mantiene una lista de exigencias para avanzar hacia cualquier acuerdo duradero. Entre ellas figuran el levantamiento de sanciones económicas, la liberación de activos congelados en el extranjero y el reconocimiento de un nuevo marco de gestión para el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta.
El estrecho continúa siendo el principal foco de preocupación para los mercados. Aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una parte significativa del comercio internacional de gas natural licuado dependen de esta vía marítima. Cualquier interrupción prolongada tendría consecuencias inmediatas sobre la energía, la inflación y el crecimiento económico global.
Los analistas consideran que el ataque contra Mahshahr tiene una relevancia especial porque traslada nuevamente el conflicto hacia infraestructuras energéticas. Hasta ahora, gran parte de los enfrentamientos recientes se habían concentrado en objetivos militares y posiciones estratégicas.
La incertidumbre aumenta además por la posibilidad de nuevas represalias iraníes. Altos responsables políticos y militares del país han advertido de que responderán a cualquier acción que consideren una amenaza directa para sus intereses estratégicos o económicos.
Los mercados reaccionan principalmente al riesgo sobre el suministro energético global. El petróleo Brent vuelve a superar la zona de los 96 dólares por barril tras registrar avances superiores al 3%, mientras el WTI también repunta con fuerza. Los inversores descuentan un aumento del riesgo geopolítico vinculado a posibles interrupciones en el estrecho de Ormuz.
En Estados Unidos, los futuros del S&P 500 y del Nasdaq muestran un comportamiento más resistente gracias a la expectativa de que Washington siga impulsando una solución diplomática, aunque la subida del petróleo introduce presión sobre las expectativas de inflación. El Dow Jones presenta un tono más débil.
En Europa, los principales índices mantienen una actitud más defensiva debido a su mayor sensibilidad al coste energético. El Euro Stoxx 50, el DAX alemán y el CAC francés registran presión vendedora moderada mientras los inversores evalúan el riesgo de una nueva crisis energética.
Entre las materias primas destacan las subidas del petróleo y del oro, activo tradicional de refugio en escenarios de incertidumbre geopolítica.
En divisas, el dólar mantiene apoyo como activo defensivo, mientras el euro pierde parte de su impulso reciente frente al billete verde. El yen japonés también atrae flujos de protección.
En criptomonedas, Bitcoin y Ethereum muestran volatilidad elevada. Aunque parte del mercado los considera una alternativa frente a riesgos geopolíticos, los episodios de aversión al riesgo suelen favorecer inicialmente la liquidez y los activos refugio tradicionales.
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