Los mercados han pasado de celebrar el “modo riesgo” a pisar el freno en cuestión de horas. La foto del día es clara: futuros de EE. UU. a la baja, Europa corrigiendo, y dos activos haciendo de contrapeso emocional del inversor: Brent y Oro. En medio, una mezcla que suele incomodar a cualquiera: resultados empresariales que no convencen, ruido geopolítico y una Reserva Federal que, aunque no se mueva hoy, sigue condicionando el precio del dinero de mañana.
En Europa, el STOXX 600 se giró a la baja tras marcar máximos recientemente. El motivo no fue un único titular, sino algo más simple: números que no superan expectativas. Cuando el mercado viene “caro” en confianza, cualquier decepción pesa el doble. En este contexto, Airbus y Rio Tinto se convirtieron en un lastre tras publicar cifras que el mercado leyó como insuficientes. Y cuando dos nombres grandes fallan, el índice entero se nota más frágil, aunque el resto no esté en incendio.
Al otro lado del Atlántico, los futuros del S&P 500 y del Nasdaq también cedieron terreno. Es el típico movimiento de “te compro el relato, pero no al precio que me lo vendes”. El mercado venía animado por el impulso de la temática de inteligencia artificial: Nvidia anunció un acuerdo relevante ligado a Meta, reforzando la idea de que la demanda de chips seguirá fuerte. Pero eso no evita lo importante: cuando la volatilidad sube, incluso los ganadores del relato (Nvidia, Meta, e incluso Apple) pueden amanecer en rojo. No es contradicción: es gestión de riesgo.
Aquí entra la segunda pata del día: la geopolítica. El mercado no necesita que “pase algo” para moverse; le basta con que suba la probabilidad de que pase. Con el aumento de tensión entre Estados Unidos e Irán, el Brent se impulsó por el temor a interrupciones de suministro. Es un recordatorio incómodo: el petróleo funciona como termómetro y, a la vez, como impuesto indirecto para la economía. Si la energía se encarece, el sentimiento se enfría.
En paralelo, el Oro volvió a hacer su papel de refugio. No porque el mundo se acabe, sino porque cuando hay incertidumbre, muchos inversores prefieren tener una parte del patrimonio en un activo que no depende del beneficio trimestral de nadie. Es una reacción casi humana: si el cielo se nubla, sacas paraguas aunque aún no llueva.
La tercera pata es la Fed. Las actas sugieren que algunos miembros estarían dispuestos a endurecer más si la inflación no cede lo suficiente. Eso mantiene vivo el debate sobre tipos y sostiene al dólar (medido por el Dollar Index). Y aquí es donde encaja la frase de Michael Every: cuando el riesgo geopolítico sube, el mercado empieza a poner precio a escenarios que hace una semana ni consideraba. No hace falta acertar el titular; basta con entender el mecanismo: más incertidumbre = más prima de riesgo.
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